Una nueva y poderosa voz. Una novela sobre nuestro pasado
Tiene un aire faulkneriano, incluso de Rulfo. La memoria de un país es su literatura. En ese sentido, La marca del agua es la historia de lo que hemos vivido en los últimos cincuenta años.
Julio Llamazares
Tejida de memoria, nostalgia, traiciones y derrota, La marca del agua … es, ante todo, un buen relato neorrural, bien estructurado, de ritmo poderoso y con una trama sorprendente en la que no faltan ni escenas de terrible dureza ni instantes de emoción, con persistentes ecos de Delibes, Luis Mateo Díez y Llamazares en su recreación de un mundo acosado por intereses ajenos, y condenado a la extinción.
Elena Costa, El Cultural
19 de abril de 1950. El agua ya ha alcanzado la piedra que sirve de testigo: en menos de diez días Hontanar desaparecerá para siempre inundado por el pantano. Todos están celebrando la inauguración del pueblo nuevo, solo quedan allí los hermanos Cristóbal. Pero un suceso terrible les obliga a emprender precipitadamente el viaje: Marcos descubre a su hermana Sara colgada de un machón de la cuadra. Envuelta en la colcha que bordó durante años para un ajuar que ya nunca será utilizado y oculta entre sacos de patatas, Sara recorre ese camino en el carro de su hermano. Después de todo, siempre quiso irse del pueblo.
Durante el trayecto por un territorio que es ya un páramo, Marcos recuerda la historia de la familia, sus sombras y silencios: la llegada siendo unos niños cuyo origen su madre quiso esconder, los deseos de Sara por construirse una vida propia, la obsesión de la madre por el pretendiente perfecto que le procurase una buena boda, los sentimientos e impulsos no confesados, las traiciones y la relación con el ingeniero falangista encargado de las obras del pantano…
La crítica ha dicho:
Aunque sea su primera novela, Montserrat Iglesias no es una debutante: se nota que lleva toda la vida forjando las palabras para este libro preciso, lírico y poderoso.
Jesús Car












