Se cumplen doscientos años del nacimiento de Henry David Thoreau, un autor que, sin embargo, está más vivo que nunca.
Seguramente porque sus escritos se entrelazan a la perfección con muchos de nuestros intereses e inquietudes actuales: el desafío ecológico global, la lucha contra el consumismo injustificado, la legitimidad de la insubordinación ante gobiernos o leyes injustas o la búsqueda de una vida más sencilla y autónoma.
Sin embargo, una vez dijo Thoreau: Mi vida es el poema que me hubiera gustado escribir .
Nada más cierto, pues más allá de sus textos, que no dejamos de leer, no cabe duda de que su propia vida fascina por igual a sus incontables lectores.
Tal vez porque Thoreau vivió como muy pocos seres humanos saben hacerlo: siendo absolutamente consecuente con sus ideas y sus sentimientos, esculpiendo así su propia existencia como una obra de arte ajena a todos los dogmas y limitaciones.
Thoreau no sólo nos sigue inspirando por ser uno de los padres del ecologismo o de la desobediencia civil, sino por haber sido un hombre al que no le importó ser incomprendido por sus vecinos o reclamado por la ley, que actuó siempre con la máxima libertad y buscó la felicidad para sí y el bien para los demás.
Thoreau nos enseñó, como muy pocos han conseguido hacerlo, el camino de la verdadera revolución: aquella que, mediante la transformación de uno mismo y la invitación a la transformación de los otros, acaba por transformar el mundo.
Este libro da cuenta de esa revolución o de esas revoluciones.
Es la biografía canónica y de absoluta referencia de Thoreau, en la que se relatan los viajes interiores y exteriores de un hombre que ha marcado la historia universal.












